Desde el 10 de diciembre de 2015, fecha en la que asumió la presidencia Mauricio Macri, empresario que tiene cuentas en Panamá (no sólo él, sino gran parte de sus funcionarios), hay dos palabras que fueron bastardeadas discursivamente: PATRIA y REVOLUCIÓN.
En el
momento de tomar posesión de su cargo ejecutivo, decidió no jurar por la
Patria, sino que lo hizo por “la lealtad y honestidad”. En aquél entonces uno
podía preguntarse, si Macri no jura defender a la Patria, ¿con quién iba a ser
leal y honesto?. Quienes somos peronistas de base entendemos a la Patria como
el lugar en el cual desarrollamos nuestra vida en este país. Pero a su vez, la
Patria está ligada a nuestra propia historia de lucha, porque no hay otra
historia: ya lo dijo Marx, la historia de la humanidad es la historia de la
lucha de clases.
200
días después de haber asumido la presidencia, Mauricio Macri responde esa
pregunta: demostró que ha sido leal a los intereses empresarios
multinacionales, los banqueros y los más ricos de este país. Sus políticas
económicas de fondo fueron en el sentido de consolidar la riqueza de los mismos
grupos empresarios de siempre. En cuanto a honestidad, una materia que ha
estado pendiente durante toda su vida, Mauricio Macri podría alegar, fiel a su
obsoleto y oxidado argumentario duranbarbesco, que podremos empezar a ver los
primeros esbozos de honestidad a partir del segundo semestre. O una respuesta
aún peor: te lo debo.
Construir
la unidad popular, con los elementos que tengamos a mano y que
consideremos los más aptos para esta etapa
que se abrió en diciembre de 2015 en nuestro país que se encuentra en mano de
un gobierno neoliberal, que ya no solo le hace guiños al poder concentrado sino
que vino a gobernar abiertamente para que los trabajadores pierdan el más
mínimo derecho histórico, debe ser el objetivo primordial. Reflexionando
dialécticamente, podemos llegar a la conclusión que un gobierno neoliberal,
entreguista, antipatriótico, autoritario y represor a cualquier política
popular, genera a su vez la necesaria
resistencia de los de abajo, los que sufrimos las políticas de ajuste del
macrismo.
Debemos
también empujar las discusiones necesarias en los sectores de trabajadores,
estudiantiles, de organizaciones políticas, sindicales, etc, etc, para poder
unificar una estrategia común que pueda quebrar la historia como cada vez que
la Patria –es decir, los intereses de las mayorías populares democráticas-
estuvo en peligro. Las tácticas podrán variar: ollas populares, asambleas,
marchas, actos, paros nacionales, pero cualquiera sea, debe contar con la
participación y solidaridad de intensas mayorías en las calles. El rol de los
peronistas de base debe ser ese: discutir, organizar y aportar a la lucha
popular en cualquier lugar de realización colectiva.
La
estrategia común es hoy concretar la unidad de los sectores populares, que
somos los que estamos asimilando aún el golpe de la derrota electoral de
noviembre y por las continuas medidas de ajuste y desempleo del gobierno
(anti)nacional de Mauricio Macri. Esa tarea, sin lugar a dudas, llevará el
tiempo que deba llevar, pero no deberá detenerse. Por eso es imperioso estudiar
y analizar nuestra historia en perspectiva: debemos aprender de la Resistencia
Peronista, del Cordobazo, del Rosariazo, de la Lucha contra la dictadura, de la
resistencia contra el neoliberalismo, pero fundamentalmente, de los tres
gobiernos kirchneristas. Debemos volver a construir las posibilidades concretas
de volver a ser Gobierno para poder encauzar un Estado de Plena Justicia Social
como nos enseña la historia de los gobiernos peronistas en 1945, en 1973, en
2003, en 2007 y en 2011. Pero no pensamos en ganar las elecciones solo para que
la consigna “Vamos a Volver” signifique un mero cantito catártico, sino para de
una vez por todas, aprendiendo de los errores y saldando deudas con los
trabajadores, tomemos el comando de los resortes de la Economía para ponerla al
servicio del pueblo, y que toda la riqueza que hay en el país no pertenece a 10
familias ni a 500 empresarios, sino que forman parte del trabajo de los
millones de argentinos.
Hoy más
que nunca, la demanda de la hora es continuar enfrentando en unidad y organización
al Gobierno de Mauricio Macri, un gobierno que es abiertamente anti-trabajador,
que es posiblemente el Presidente que más asco le tiene al pueblo, y que toda
su vida no hizo más que vivir del esfuerzo de los otros para construir su
ganancia. Debemos ser parte activa de cada movilización, de cada puesto de
lucha que se abra hasta que se debilite la política de ajuste al que nos están
empujando los mismos que ganaron con el megacanje en el 2001 y estafaron al
pueblo argentino: Prat Gay y Sturzenegger, por nombrar a algunos.
Además,
los peronistas de base debemos consolidar una corriente interna dentro del
propio movimiento nacional en la cual tendamos un puente con expresiones de
izquierda de base, izquierda popular, izquierda nacional, que nos permita
reflexionar en torno a la idea de la Revolución en el Siglo XXI y cuáles son
las mejores formas de llevarla adelante. Otro desafío es pensar la posibilidad
concreta de construir un sistema político-económico que rompa con este
capitalismo financiero, que pone por encima la ganancia desmedida por sobre la
humanidad. En esa discusión, los peronistas tenemos mucho para aportar como
movimiento antiimperialista, popular y democrático.
Que sea
este un llamado y un saludo a muchos compañeros con los que venimos hablando y encontrándonos
para encontrar las formas, a prueba y error. Para concluir el texto, dejar unas
palabras de Envar El Kadri que aclaran el panorama respecto al rol que debe
ocupar el peronismo en esta etapa histórica y en todo momento: “Hay que estar
orgullosos que el peronismo haya sido capaz de despertar en una generación
entera de jóvenes el ansía de un ideal de transformación, el ansia de una causa
justa, noble, grande por la cual una fuera capaz de dar la vida. Eso es un
mérito del peronismo, no hay que tener vergüenza de decirlo.”






