lunes, 30 de mayo de 2016

Patria y Revolución



Desde el 10 de diciembre de 2015, fecha en la que asumió la presidencia Mauricio Macri, empresario que tiene cuentas en Panamá (no sólo él, sino gran parte de sus funcionarios), hay dos palabras que fueron bastardeadas discursivamente: PATRIA y REVOLUCIÓN.

En el momento de tomar posesión de su cargo ejecutivo, decidió no jurar por la Patria, sino que lo hizo por “la lealtad y honestidad”. En aquél entonces uno podía preguntarse, si Macri no jura defender a la Patria, ¿con quién iba a ser leal y honesto?. Quienes somos peronistas de base entendemos a la Patria como el lugar en el cual desarrollamos nuestra vida en este país. Pero a su vez, la Patria está ligada a nuestra propia historia de lucha, porque no hay otra historia: ya lo dijo Marx, la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases.

200 días después de haber asumido la presidencia, Mauricio Macri responde esa pregunta: demostró que ha sido leal a los intereses empresarios multinacionales, los banqueros y los más ricos de este país. Sus políticas económicas de fondo fueron en el sentido de consolidar la riqueza de los mismos grupos empresarios de siempre. En cuanto a honestidad, una materia que ha estado pendiente durante toda su vida, Mauricio Macri podría alegar, fiel a su obsoleto y oxidado argumentario duranbarbesco, que podremos empezar a ver los primeros esbozos de honestidad a partir del segundo semestre. O una respuesta aún peor: te lo debo.

Construir la unidad popular, con los elementos que tengamos a mano y que consideremos  los más aptos para esta etapa que se abrió en diciembre de 2015 en nuestro país que se encuentra en mano de un gobierno neoliberal, que ya no solo le hace guiños al poder concentrado sino que vino a gobernar abiertamente para que los trabajadores pierdan el más mínimo derecho histórico, debe ser el objetivo primordial. Reflexionando dialécticamente, podemos llegar a la conclusión que un gobierno neoliberal, entreguista, antipatriótico, autoritario y represor a cualquier política popular,  genera a su vez la necesaria resistencia de los de abajo, los que sufrimos las políticas de ajuste del macrismo.

Debemos también empujar las discusiones necesarias en los sectores de trabajadores, estudiantiles, de organizaciones políticas, sindicales, etc, etc, para poder unificar una estrategia común que pueda quebrar la historia como cada vez que la Patria –es decir, los intereses de las mayorías populares democráticas- estuvo en peligro. Las tácticas podrán variar: ollas populares, asambleas, marchas, actos, paros nacionales, pero cualquiera sea, debe contar con la participación y solidaridad de intensas mayorías en las calles. El rol de los peronistas de base debe ser ese: discutir, organizar y aportar a la lucha popular en cualquier lugar de realización colectiva.

La estrategia común es hoy concretar la unidad de los sectores populares, que somos los que estamos asimilando aún el golpe de la derrota electoral de noviembre y por las continuas medidas de ajuste y desempleo del gobierno (anti)nacional de Mauricio Macri. Esa tarea, sin lugar a dudas, llevará el tiempo que deba llevar, pero no deberá detenerse. Por eso es imperioso estudiar y analizar nuestra historia en perspectiva: debemos aprender de la Resistencia Peronista, del Cordobazo, del Rosariazo, de la Lucha contra la dictadura, de la resistencia contra el neoliberalismo, pero fundamentalmente, de los tres gobiernos kirchneristas. Debemos volver a construir las posibilidades concretas de volver a ser Gobierno para poder encauzar un Estado de Plena Justicia Social como nos enseña la historia de los gobiernos peronistas en 1945, en 1973, en 2003, en 2007 y en 2011. Pero no pensamos en ganar las elecciones solo para que la consigna “Vamos a Volver” signifique un mero cantito catártico, sino para de una vez por todas, aprendiendo de los errores y saldando deudas con los trabajadores, tomemos el comando de los resortes de la Economía para ponerla al servicio del pueblo, y que toda la riqueza que hay en el país no pertenece a 10 familias ni a 500 empresarios, sino que forman parte del trabajo de los millones de argentinos.
                
Hoy más que nunca, la demanda de la hora es continuar enfrentando en unidad y organización al Gobierno de Mauricio Macri, un gobierno que es abiertamente anti-trabajador, que es posiblemente el Presidente que más asco le tiene al pueblo, y que toda su vida no hizo más que vivir del esfuerzo de los otros para construir su ganancia. Debemos ser parte activa de cada movilización, de cada puesto de lucha que se abra hasta que se debilite la política de ajuste al que nos están empujando los mismos que ganaron con el megacanje en el 2001 y estafaron al pueblo argentino: Prat Gay y Sturzenegger, por nombrar a algunos.

Además, los peronistas de base debemos consolidar una corriente interna dentro del propio movimiento nacional en la cual tendamos un puente con expresiones de izquierda de base, izquierda popular, izquierda nacional, que nos permita reflexionar en torno a la idea de la Revolución en el Siglo XXI y cuáles son las mejores formas de llevarla adelante. Otro desafío es pensar la posibilidad concreta de construir un sistema político-económico que rompa con este capitalismo financiero, que pone por encima la ganancia desmedida por sobre la humanidad. En esa discusión, los peronistas tenemos mucho para aportar como movimiento antiimperialista, popular y democrático.


Que sea este un llamado y un saludo a muchos compañeros con los que venimos hablando y encontrándonos para encontrar las formas, a prueba y error. Para concluir el texto, dejar unas palabras de Envar El Kadri que aclaran el panorama respecto al rol que debe ocupar el peronismo en esta etapa histórica y en todo momento: “Hay que estar orgullosos que el peronismo haya sido capaz de despertar en una generación entera de jóvenes el ansía de un ideal de transformación, el ansia de una causa justa, noble, grande por la cual una fuera capaz de dar la vida. Eso es un mérito del peronismo, no hay que tener vergüenza de decirlo.”

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